

2.007 2.006 2.005 2.004 2.003 1.973
Fue
tal el número de hermanos participantes en las procesiones de las dos primeras
semanas santas en las que había participado la Cofradía, es decir, las de los
años 1948 y 49, que la Junta de gobierno acordó, en vísperas de las
celebraciones del año siguiente y al objeto de dar un mayor colorido y
brillantez, pero sobretodo un mejor acompañamiento a las largas filas de
penitentes que desfilaban por las calles de la villa, la organización de
una sección de cornetas y tambores. Para ello se comisionó al
Hermano Secretario a que procediese a
estudiar el asunto, evaluando las
necesidades requeridas en lo que a instrumentos se refería y ultimando todos
los detalles junto con el Hermano Santiago a cuyo cargo quedó encomendada esta
nueva sección.
No fue fácil la tarea a desarrollar pues, aunque los conocimientos musicales que inicialmente se requerían para integrarse en la banda no eran elevados sino más bien básicos por el tipo de instrumentos a tocar, no existieron demasiados cofrades dispuestos a formar parte de ésta. Había que tener en cuenta que el sacrificio derivado de ello no se debía solamente a las propias procesiones, sino al tiempo que debía dedicarse a los pertinentes ensayos sin los cuales no se podían esperar posteriormente actuaciones por lo menos decorosas ante el público bilbaíno. Estos ensayos sí representaban una verdadera penitencia, y por múltiples razones, no todos los cofrades activos estaban por la labor. El más común de los motivos sin duda era la falta de tiempo, tanto para los que se encontraban en su etapa estudiantil como para los que ya estaban desarrollando algún tipo de actividad laboral.
Sin embargo, y a pesar de todos estos lógicos inconvenientes,
la idea fructificó viendo la luz una banda que prometía ser una de las más
destacadas en un espacio corto de tiempo. De hecho alcanzó su punto culminante
en la Semana Santa de 1954. Tras unos pocos años de existencia, pero fruto de
una labor ardua y continua, la banda de cornetas y tambores consiguió adquirir
un nivel excepcional. De hecho, así se reflejó en el libro de actas de la
Cofradía, con motivo de la reunión de la Junta de gobierno una vez acabadas
las celebraciones de ese año, valorándose su actuación como colosal. A todo
ello también habían contribuido las gestiones e influencia de la distinguida
presidenta de las Damas de Honor que junto con otras damas posibilitaron que se
hubiesen conseguido unas mejoras tales, no sólo en la sección musical sino en
toda la todavía joven Cofradía.
Con posterioridad la banda seguiría su particular discurrir, con los clásicos altibajos en una sección de este tipo que dependieron básicamente del número y nivel de sus integrantes, llegándose a su momento más amargo tras la Semana Santa de 1965 en que desgraciadamente y sin remisión desapareció. Esto fue lo que movió a la Junta de gobierno a proceder a la venta de todo el material disponible, dado que no se atisbaba una vuelta a la normalidad a corto plazo, por lo que se decidió solicitar el servicio a una banda profesional.
Para ello el recién nombrado Hermano Abad Francisco Charroalde fue el encargado de realizar las gestiones necesarias para disponer en breve de un nuevo acompañamiento musical, pues tras más de diez años con él y con todo lo de bueno que había supuesto para la Cofradía no se deseaba prescindir de él. Contactó con Perfecto Torres, jefe de la Policía Armada, ubicada en una dependencia de la calle Elcano, sita frente a la escuela de empresariales, quien aceptó gustosamente el encargo para colaborar con la hermandad en las procesiones generales del Jueves y Viernes Santo. La participación fue totalmente desinteresada por lo que la Junta acordó gratificar a cada uno de los músicos con trescientas pesetas por ambos días, que años posteriores se verían ampliadas a doscientas por cada procesión.
Loable fue la ardua tarea desarrollada por los hermanos
Francisco y Fernando González Inchaústegui, conocidos como Patxi y Nando, ambos encargados de la mayordomía de la
Cofradía. Realizaron un esfuerzo trascendental en esos momentos en los
que esta área era la que mas atención requería. A la vez realizaron una gran
labor en la formación y asentamiento de la banda, la cual, volvió a escena en
el año 1973 compuesta exclusivamente con cofrades, había pasado por unos años
de transición. Ambos consiguieron que, a finales de los años setenta y
principios de los ochenta, la banda fuese objeto de admiración y orgullo no
sólo de la propia Cofradía sino de todo el público asistente a las
procesiones, al interpretar marchas de indudable valor y dificultad teniendo en
cuenta los instrumentos que se disponían.
Aún hoy en día tanto Patxi como Nando continúan unidos muy directamente al mundo de las bandas de la semana santa Bilbaína y sentimentalmente, al menos es la opinión del webmaster, unidos a la Cofradía Penitencial del Apóstol Santiago. Un afectuoso saludo y gracias a ambos.
Al día de hoy la actual banda de cornetas es una parte importante de la cofradía y se enorgullece de tener, como siempre, los pies en el suelo y compaginar el ir avanzando musicalmente con el amor por su cofradía y estar plenamente integrada y partícipe de todas sus actividades.